Escalada en Medio Oriente: el conflicto con Irán dispara el riesgo energético global

Estrecho Ormuz

El conflicto iniciado el 28 de febrero de 2026, tras los ataques coordinados de Estados Unidos e Israel contra Irán —que eliminaron al líder supremo Alí Khamenei y parte de la cúpula militar— reconfiguró de inmediato el tablero energético global. La respuesta iraní, mediante misiles, drones e incidentes navales, derivó en un cierre operativo del Estrecho de Ormuz, el corredor por donde circula cerca del 20% del petróleo mundial.

El mercado incorporó rápidamente una prima de riesgo geopolítico. El Brent avanzó entre 6% y 13% en pocos días, estabilizándose en la franja de USD 80–85 por barril, pese a que la producción global se mantiene en torno a 100–102 millones de barriles diarios. La tensión no respondió a una pérdida masiva de oferta, sino al riesgo logístico: seguros de guerra multiplicándose hasta cinco veces, cancelaciones de coberturas y fletes de tanqueros con subas de hasta 94%. El precio comenzó a reflejar la fragilidad del corredor energético más sensible del planeta.

En paralelo, la interrupción de exportaciones de GNL desde Qatar afectó cerca del 20% del suministro mundial, impulsando subas de hasta 50% en Europa y 48% en Asia, además de incrementos cercanos al 40% en los costos de transporte de metaneros. Si las restricciones en Ormuz se prolongan, la volatilidad podría escalar hacia escenarios de racionamiento, aunque nuevas capacidades previstas para 2026 podrían amortiguar parcialmente el impacto a mediano plazo.

Escenarios para el crudo

La trayectoria futura del petróleo dependerá de la duración y profundidad de las disrupciones. Con el conflicto contenido y sin pérdidas físicas significativas, el Brent podría oscilar entre USD 80 y 100, con alta sensibilidad a cada novedad militar o diplomática. Pero si el bloqueo se extiende durante meses o se concretan recortes adicionales —como una eventual afectación de exportaciones iraquíes cercanas a 3 millones de barriles diarios— el mercado podría tensionarse hacia la zona de USD 100–140.

En este contexto, el barril dejó de cotizar únicamente por su costo de extracción: hoy su valor está fuertemente condicionado por el riesgo geográfico que afecta su circulación.

Impacto en fertilizantes y alimentos

La crisis no se limita al crudo. Los fertilizantes nitrogenados, como la urea, dependen estructuralmente del gas natural, que representa entre el 70% y el 90% de su costo total, al aportar tanto la energía como el hidrógeno necesario para producir amoníaco. Un aumento sostenido del gas se traslada rápidamente a los insumos agrícolas y, en última instancia, a los precios de los alimentos.

En el caso de los fertilizantes fosfatados, la variable crítica es la extracción y procesamiento de roca fosfórica —principalmente apatita— en países como Arabia Saudita, Jordania y Egipto. Aunque el Golfo no concentra las mayores reservas mundiales, sí constituye un nodo logístico y energético clave para transformar ese mineral en productos como TSP o DAP, con exportaciones relevantes desde puertos como Ras Al Khair.

Un Ormuz restringido no solo encarece el petróleo: también altera el flujo de insumos agrícolas estratégicos —con entre 400.000 y 500.000 toneladas mensuales exportadas desde esa región—, poniendo en riesgo la estabilidad de la cadena agroindustrial global y amplificando el impacto económico más allá del sector energético.