La UE defiende en la COP30 la necesidad de un precio global al carbono en medio de tensiones con China e India
La Unión Europea afirmó en la COP30 de Belém que ha llegado el momento de implementar un precio global al carbono, una postura que responde de manera implícita a las críticas de China, India y otros países que cuestionan el impuesto al carbono europeo en las fronteras.
La medida, conocida como Mecanismo de Ajuste en Frontera por Carbono (CBAM), se ha convertido en uno de los principales puntos de fricción en las negociaciones climáticas de este año. Para la UE, se trata de una herramienta para garantizar condiciones equitativas entre industrias que enfrentan regulaciones ambientales estrictas y aquellas que operan con estándares menos exigentes. Para sus detractores, en cambio, puede transformarse en una barrera comercial unilateral encubierta.
“La tarificación del carbono es algo que debemos perseguir con el mayor número posible de países y lo antes posible”, sostuvo Wopke Hoekstra, comisario europeo de Clima, en su intervención ante los delegados de la conferencia. Su mensaje apuntó a ampliar el consenso global sobre la necesidad de incorporar el costo de las emisiones en las estructuras económicas, en un contexto donde el planeta enfrenta crecientes impactos asociados al cambio climático.
China, India y un grupo de países aliados presionan para que la COP30 incluya una resolución explícita contra las medidas comerciales unilaterales, mencionando directamente al CBAM como ejemplo. Para estas naciones, el mecanismo europeo podría perjudicar a sus industrias exportadoras y contradecir los principios de equidad y responsabilidades diferenciadas del Acuerdo de París.
El CBAM se encuentra en fase de prueba desde 2023 y abarca productos intensivos en emisiones como acero, aluminio, cemento, fertilizantes, electricidad e hidrógeno. Su aplicación plena está prevista para 2026, un paso que la UE considera clave para evitar la “fuga de carbono” y asegurar que su industria no sea desplazada por competidores con menores exigencias ambientales.
Mientras avanzan las discusiones, la brecha entre las potencias económicas vuelve a evidenciar la compleja intersección entre comercio y acción climática. La COP30, que se presenta como una instancia crítica para acelerar compromisos globales, deberá ahora equilibrar la urgencia ambiental con las tensiones geopolíticas que condicionan la transición hacia economías más limpias.