Fracasan en Ginebra las negociaciones para un tratado mundial sobre plásticos
Las negociaciones para alcanzar un tratado mundial sobre los plásticos quedaron suspendidas el pasado viernes en Ginebra (Suiza), luego de que los países participantes no lograran consensuar el último borrador del texto.
El principal punto de fricción volvió a ser la propuesta de limitar la producción de nuevos plásticos, un eje central para los países que impulsan un acuerdo ambicioso. Sin embargo, el grupo conocido como los “afines” —integrado por Irán, Rusia y Arabia Saudita— mantuvo su rechazo a esa cláusula y, en esta ronda, sumó el apoyo explícito de Estados Unidos, que se alineó a su postura.
Multilateralismo en tensión
“El multilateralismo nunca es fácil, y conseguir un tratado en dos o tres años nunca se ha hecho”, reconoció Inger Andersen, directora ejecutiva del Programa de Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), en una rueda de prensa posterior a la clausura.
El objetivo de estas rondas es alcanzar un instrumento jurídicamente vinculante que permita frenar la crisis global de contaminación plástica, cuya producción se ha triplicado en las últimas cinco décadas y amenaza tanto a la salud humana como a los ecosistemas.
Posturas enfrentadas
Mientras que el grupo de países “afines” defiende limitar la discusión al manejo de residuos y el reciclaje, las naciones que integran la Coalición de Gran Ambición —como Noruega y Francia— reclaman medidas más profundas que incluyan reducir la producción primaria de plásticos.
Al cierre de las negociaciones, varios países compartieron observaciones finales que reflejan la división persistente:
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Fiyi, Panamá, Perú y Tuvalu enfatizaron la urgencia de un tratado que priorice la protección de los océanos y la salud de las comunidades costeras.
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Ghana, en representación del grupo africano de negociadores, destacó que sin compromisos firmes para reducir la producción, el tratado perderá efectividad.
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Francia y Noruega, en nombre de la Coalición de Gran Ambición, insistieron en que el acuerdo debe abordar todo el ciclo de vida de los plásticos.
Lo que viene
El fracaso en Ginebra no significa el final del proceso, pero sí refleja la complejidad política y económica de alcanzar un acuerdo en un plazo tan breve. La meta inicial era concluir el tratado en dos o tres años, un objetivo que, como admitió Andersen, nunca se ha logrado antes en procesos multilaterales de esta envergadura.
La negociación continuará en futuras rondas, con un escenario cada vez más desafiante: conciliar las demandas de los países productores de petróleo y plásticos con la presión creciente de gobiernos, sociedad civil y científicos que piden un tratado ambicioso y transformador para frenar la contaminación.