Stefan Wilhelm: “La colaboración radical es la única vía para generar impacto social sostenible”

Bayer Stefhan

El director de Innovación Social de la Fundación Bayer, Stefan Wilhelm, habló con Futuro Sustentable sobre los programas que impulsa la organización en América Latina y África. Desde la promoción del emprendimiento femenino hasta la creación de seguros climáticos para pequeños productores, la fundación busca escalar soluciones sostenibles con un enfoque de impacto medible y colaboración sin ego.

 

Innovación con propósito

“Soy director de innovación social en la Fundación Bayer y nuestro equipo forma parte del área de sostenibilidad corporativa”, explica Stefan Wilhelm. “Mi responsabilidad son los programas de innovación social en África y América Latina, donde impulsamos modelos que realmente puedan crecer y generar cambios sistémicos”.

La Fundación Bayer estructura su acción en tres programas principales: Social Impact Startup Academy, que trabaja con universidades para apoyar emprendedores sociales; Women Entrepreneurs Award, que premia y acompaña mujeres innovadoras en África, América Latina y Asia; y el Social Innovation Ecosystem Fund, un fondo de donaciones catalíticas que busca escalar proyectos con alto potencial de impacto.

 

Modelos escalables y medibles

“Nos interesan los modelos que se pueden trasladar a otras regiones y, sobre todo, medir. La medición de impacto es clave: si no hay beneficiarios reales, no vale la pena hacerlo”, subraya Wilhelm.

Uno de los ejemplos más potentes proviene de África: el proyecto Pula, una plataforma de seguros climáticos para pequeños productores agrícolas. “En muchos países africanos los productores no tienen seguros. Si hay sequía o exceso de lluvias, pierden todo. Financiamos un piloto en Zimbawe para 30.000 pequeños productores, y tras una sequía, el seguro pagó. Ese fue el punto de inflexión: el gobierno vio el resultado y luego invirtió 6,5 millones de dólares para asegurar a un millón de productores. Hoy la plataforma apunta a llegar a 10 millones de beneficiarios en siete países”, explica.

“Ese es el efecto catalítico que buscamos —agrega—: ponemos 200 mil dólares y logramos movilizar 30 veces más inversión pública y privada”.

 

El desafío latinoamericano

La expansión de los programas hacia América Latina es más reciente. “Empezamos hace seis años en África, y como los programas funcionaron tan bien, el consejo directivo decidió ampliarlos a Asia y América Latina”, comenta Wilhelm. En la región, el foco se mantiene en agricultura sostenible, salud y nutrición, pero adaptado a las realidades locales.

En el Cono Sur, la Fundación Bayer trabaja desde hace cinco años con Legado, un programa que apoya a innovadores sociales y que ya empieza a mostrar resultados concretos. Además, lanzó este año la primera edición regional del Startup Academy junto con la Universidad Austral, donde estudiantes de posgrado acompañan a startups sociales en su desarrollo.

“El resultado fue fenomenal —afirma Wilhelm—. Vimos ideas de enorme potencial y un compromiso genuino con el impacto”.

El poder transformador de las mujeres

Uno de los pilares más fuertes es el Women Entrepreneurs Award, un programa que entrega premios de 25.000 euros a emprendedoras sociales en las tres regiones. “Solo el 2% del venture capital mundial financia proyectos de mujeres, aunque esos proyectos generan 35% más retorno en promedio”, señala Wilhelm. “Por eso apostamos a ellas: no solo por justicia, sino porque las cifras demuestran que son mejores inversoras sociales. Además, trabajan de manera colaborativa, abierta y solidaria, muy alineado con nuestra filosofía”.

Entre las ganadoras latinoamericanas destaca la argentina Puna Bio, ejemplo de emprendimiento científico con impacto ambiental.

 

Colaboración radical: menos ego, más impacto

Wilhelm acuñó el concepto de “colaboración radical”, que resume la filosofía de trabajo de la Fundación Bayer.

“La forma tradicional de colaborar no funciona: cada actor quiere atraer a otros a su silo, con su burocracia y su marca. Eso no genera impacto real”, plantea.

“La colaboración radical empieza desde el resultado y el propósito compartido. Deja de lado el ego institucional para pensar desde la solución. Dinero, conocimiento, redes… todo eso son herramientas, no fines”.

Este enfoque se materializa en la Comunidad de Prácticas en Salud, una red de 30 grandes organizaciones —como Sanofi, Philips Foundation, UBS Optimist Foundation o Swiss Re Foundation— que comparten información, hacen coinversiones y reducen la carga burocrática para los emprendedores.

“Pagamos las verificaciones de impacto externas para evitarles el infierno de los informes. Es 95% menos burocracia y 100% más tiempo para cambiar vidas”, destaca Wilhelm.

 

El futuro de la innovación social en la región

“América Latina tiene un potencial enorme, con ideas brillantes y emprendedores resilientes”, afirma Wilhelm. “Pero sigue siendo una región de ingresos medios: demasiado rica para recibir ayuda internacional, pero con problemas estructurales profundos. Eso la deja en una zona gris. Por eso necesitamos construir ecosistemas locales sólidos”.

La Fundación Bayer planea replicar el modelo de Legado en toda América Latina para 2027, con especial foco en Colombia y Centroamérica, y luego expandirse a Brasil. “Trabajamos con ONGs como Mercy Corps y con redes como Latinpacto, y estamos convencidos de que la clave es la cooperación abierta entre gobiernos, empresas y emprendedores”, concluye.