El cambio climático amenaza hasta la mitad de las tierras ganaderas del planeta
Un nuevo estudio científico encendió una señal de alerta global: el avance del cambio climático podría reducir drásticamente las áreas aptas para la ganadería basada en pasturas, uno de los sistemas productivos más antiguos y extendidos del mundo.
Según la investigación, hacia finales de siglo entre el 36% y el 50% de las tierras que hoy reúnen condiciones climáticas adecuadas para la cría de vacas, ovejas y cabras dejarán de ser viables si las temperaturas globales continúan en ascenso. El impacto potencial sería profundo: más de 100 millones de pastores y hasta 1.600 millones de animales podrían verse directamente afectados.
Un modelo productivo bajo presión
La ganadería pastoril depende de un delicado equilibrio entre temperatura, precipitaciones y disponibilidad de agua. A medida que aumentan las olas de calor, se intensifican las sequías y se vuelven más erráticas las lluvias, los pastizales naturales pierden productividad y capacidad de regeneración.
En muchas regiones, esto podría traducirse en menor disponibilidad de forraje, degradación de suelos y mayores conflictos por el acceso al agua. La consecuencia no sería solo ambiental, sino también social y económica, especialmente en comunidades rurales cuya subsistencia depende casi exclusivamente del pastoreo.
África en la primera línea de riesgo
El estudio identifica a África como uno de los principales focos de vulnerabilidad. En vastas zonas del Sahel y del África oriental, donde la ganadería extensiva es clave para la seguridad alimentaria y el sustento de millones de familias, el aumento de las temperaturas y la desertificación podrían volver inviables amplias superficies actualmente productivas.
¿Qué puede pasar en América Latina?
Aunque el trabajo pone el foco en África, los resultados abren interrogantes para América Latina y particularmente para el Cono Sur. Países como Argentina, Uruguay y Brasil concentran extensas áreas de pastizales naturales y sistemas ganaderos a cielo abierto altamente dependientes del clima.
En Argentina, por ejemplo, regiones como la Pampa Húmeda y amplias zonas patagónicas sostienen una parte central de la producción de carne y lana destinada tanto al mercado interno como a la exportación. Alteraciones sostenidas en los patrones de lluvia, mayor frecuencia de sequías prolongadas o eventos extremos podrían tensionar este modelo productivo, con efectos en la rentabilidad, la disponibilidad de alimentos y el empleo rural.
Adaptación o retroceso
Frente a este escenario, especialistas advierten que la adaptación será clave: manejo sostenible de pastizales, mejora genética para mayor tolerancia al calor, sistemas silvopastoriles, tecnologías de riego eficiente y políticas públicas orientadas a la resiliencia climática.
El desafío no es menor. La ganadería pastoril no solo es una actividad económica; en muchas regiones constituye un componente identitario y cultural profundamente arraigado. Si no se logra contener el calentamiento global y fortalecer las estrategias de adaptación, el mapa ganadero del mundo podría cambiar de manera irreversible en las próximas décadas.