La AIE ve en América Latina una oportunidad histórica para liderar la nueva era de la electricidad limpia
El nuevo informe World Energy Investment 2026 de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) confirma un cambio de paradigma en el mapa energético global: por primera vez, la inversión en electricidad e infraestructura domina ampliamente el sector, concentrando casi el 60% de todo el gasto energético mundial.
En un escenario internacional marcado por la incertidumbre geopolítica y la creciente tensión en el Estrecho de Ormuz, los países aceleran la búsqueda de fuentes energéticas locales, seguras y menos dependientes de combustibles importados. En este contexto, América Latina aparece como una de las regiones mejor posicionadas para capitalizar la transición hacia una economía electrificada y baja en carbono.
A diferencia de otras economías que enfrentan costosos procesos de reconversión desde el carbón o el gas, América Latina cuenta con una ventaja estructural: una matriz energética ya respaldada por un enorme potencial hidroeléctrico, solar y eólico. Para la región, fortalecer las inversiones en redes eléctricas renovables ya no es solo una agenda ambiental, sino una oportunidad económica estratégica.
Nearshoring verde y atracción de inversiones
El informe de la AIE destaca el crecimiento acelerado de industrias intensivas en consumo eléctrico, como los centros de datos y la inteligencia artificial. Las grandes corporaciones globales buscan cada vez más operar con energía limpia para cumplir sus compromisos de descarbonización.
En ese escenario, América Latina podría transformarse en un destino clave para el llamado “nearshoring verde”, gracias a la disponibilidad de recursos renovables y una infraestructura energética más limpia que otras regiones.
Menor dependencia energética y ahorro de divisas
La AIE proyecta que las cinco principales regiones importadoras de energía del mundo ahorrarán unos US$260.000 millones en importaciones de combustibles solo durante 2025 gracias al avance de las renovables.
Para los países latinoamericanos, reemplazar petróleo importado por generación eléctrica local representa una herramienta central para estabilizar tarifas, reducir vulnerabilidad externa y evitar la salida de divisas.
Ventaja estratégica en minerales críticos
El auge global de la electrificación también está impulsando inversiones récord en almacenamiento mediante baterías y redes eléctricas. Según el informe, la inversión mundial en baterías superará los US$100.000 millones este año, mientras que el gasto en redes crecerá un 20%, acercándose a los US$550.000 millones.
En este punto, América Latina cuenta con otra ventaja decisiva: la abundancia de minerales críticos necesarios para la transición energética, como litio, cobre y níquel. La región podría fortalecer su posición global si logra integrar el desarrollo minero con generación renovable local y políticas de justicia ambiental.
Tecnología más barata y acceso al financiamiento
Otro de los factores destacados por la AIE es la fuerte caída de costos de las tecnologías limpias. La energía solar y las baterías cuestan hoy aproximadamente la mitad de lo que costaban hace diez años, mientras que la inversión mundial en energía solar ya alcanza los US$1.000 millones diarios.
No obstante, el organismo advierte que el principal desafío para los mercados emergentes sigue siendo el alto costo del capital. En ese sentido, los países con marcos regulatorios estables y matrices energéticas limpias tendrán mayores posibilidades de atraer financiamiento verde internacional y mecanismos innovadores vinculados a servicios ambientales y créditos de carbono.
“Nos encontramos en medio de la mayor crisis de seguridad energética a la que se ha enfrentado el mundo, y creo que esto redefinirá las estrategias de inversión a nivel mundial, de manera similar a los grandes cambios que vivió el mundo de la energía tras las crisis petroleras de la década de 1970”, afirmó el director ejecutivo de la AIE, Fatih Birol.
Con una posición privilegiada en recursos renovables y minerales estratégicos, América Latina aparece hoy no como un actor rezagado, sino como una región con capacidad concreta para liderar la nueva economía energética global.