La Provincia presentó su estrategia de economía circular: cinco sectores productivos y metas para transformar la provincia hacia 2040

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Con asistencia técnica de la CEPAL y cooperación de la GIZ, el Gobierno bonaerense diseñó una hoja de ruta para modificar los sistemas de producción y consumo, reducir residuos y emisiones y generar nuevas oportunidades económicas. La propuesta prioriza cinco cadenas de valor: biomasa, construcción, transporte, envases y empaques, y bienes de consumo. Desde el Ministerio de Ambiente sostienen que la transición debe combinar desarrollo productivo, inclusión social y generación de empleo.

La provincia de Buenos Aires avanza en el diseño de una política pública de largo plazo para incorporar la economía circular a su estructura productiva. La Estrategia Provincial de Economía Circular (EPEC) 2026-2040, desarrollada por el Gobierno bonaerense con asistencia técnica de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y cooperación alemana GIZ, propone transformar progresivamente los sistemas de producción y consumo, reducir la generación de residuos y aprovechar los materiales que actualmente se descartan.

La iniciativa parte de una premisa: el modelo lineal basado en extraer recursos, producir, consumir y desechar enfrenta límites ambientales, económicos y sociales. Frente a ese escenario, la economía circular plantea extender la vida útil de los productos, recuperar materiales, reincorporarlos a nuevos procesos industriales y aprovechar los residuos de una actividad como insumos para otra.

Desde el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, a cargo de Daniela Vilar, sostienen que esta transformación constituye tanto una respuesta a la crisis ambiental como una oportunidad para impulsar nuevas industrias, generar mercados y crear puestos de trabajo. En ese sentido, plantean que el cambio debe encararse desde una perspectiva de Ambientalismo Popular, promoviendo una transición justa que contemple a los trabajadores, fortalezca a las pequeñas y medianas empresas y permita distribuir sus beneficios en los distintos territorios.

Desde la cartera ambiental también advierten que el modelo de producción y consumo que nos trajo hasta acá ya no resulta sostenible. Durante décadas, buena parte de la economía se organizó bajo una lógica lineal basada en extraer recursos naturales, producir, consumir y descartar. Frente a ese esquema, consideran necesario avanzar hacia un modelo circular que permita aprovechar mejor los recursos, reducir los residuos y generar nuevas oportunidades de desarrollo productivo.

La dimensión del desafío está vinculada con el peso económico y productivo de Buenos Aires. La provincia concentra alrededor del 36% del Producto Interno Bruto nacional y cerca del 40% de las exportaciones y de los establecimientos industriales del país. Esa escala también se refleja en los volúmenes de materiales utilizados y residuos generados.

De acuerdo con las estimaciones presentadas por el Ministerio, en territorio bonaerense se producen alrededor de 20.000 toneladas de residuos sólidos urbanos por día, cerca del 40% del total nacional. Sin embargo, el desafío excede ampliamente a los residuos domiciliarios.

La actividad ganadera bovina genera más de 15,9 millones de toneladas anuales de residuos líquidos y semilíquidos; la construcción produce aproximadamente 2,9 millones de toneladas de residuos de obras y demoliciones, mientras que el transporte genera cerca de 66.000 toneladas anuales de neumáticos fuera de uso y casi 49.000 toneladas de baterías de ácido-plomo usadas.

A estos flujos se suman envases, plásticos, textiles, aparatos eléctricos y electrónicos y otros materiales provenientes de las actividades industriales, comerciales y agropecuarias.

Cinco cadenas de valor estratégicas

La Estrategia identifica cinco cadenas productivas prioritarias a partir de un diagnóstico de la estructura económica provincial. El objetivo es reconocer los principales flujos de materiales, los impactos ambientales asociados y las oportunidades para desarrollar actividades de recuperación, reutilización y valorización.

Biomasa. Las actividades agropecuarias y la industria de alimentos y bebidas representan, en conjunto, alrededor del 11,7% del producto provincial y generan cerca de 200.000 empleos formales. Los residuos ganaderos, los restos de alimentos y otros materiales orgánicos pueden transformarse en compost, fertilizantes, biogás y nuevos insumos productivos.

La propuesta apunta a aprovechar esos recursos y desarrollar circuitos que permitan reducir la disposición final, generar valor agregado y fortalecer las actividades vinculadas con la bioeconomía.

Construcción. El sector genera cerca de 100.000 empleos privados directos y concentra más de la mitad del valor agregado de la construcción nacional. La recuperación de hormigón, ladrillos, metales y madera permitiría reincorporar materiales a nuevos procesos productivos, reducir los costos de disposición y desarrollar mercados para los áridos y otros insumos reciclados.

Transporte. Esta actividad representa más del 7% del producto provincial y genera alrededor de 266.000 puestos de trabajo registrados. La gestión de neumáticos fuera de uso y baterías de ácido-plomo constituye uno de los principales desafíos ambientales del sector, aunque también representa una oportunidad para recuperar materiales mediante procesos industriales especializados.

Envases y empaques. Se trata de una cadena transversal a la producción de alimentos y bebidas, el comercio y prácticamente todos los sectores de consumo. Buenos Aires concentra el 100% de la capacidad productiva nacional de resinas plásticas básicas y cuenta con una importante red de recuperación y comercialización de plásticos, cartón, papel, vidrio y metales.

La estrategia plantea avanzar hacia envases mejor diseñados, reutilizables y reciclables, además de fortalecer los sistemas de recuperación. En este punto, el Ministerio destaca la necesidad de reconocer e integrar el trabajo de los recuperadores urbanos y las cooperativas.

Bienes de consumo. Incluye actividades como textiles, muebles, aparatos eléctricos y productos de cuero, que reúnen más de 75.000 empleos registrados. La reparación de equipos electrónicos, la reutilización de textiles, el reacondicionamiento de muebles y el rediseño de productos aparecen como alternativas para extender la vida útil de los bienes y promover nuevos emprendimientos y modelos de negocios.

El rol de los municipios y los recuperadores urbanos

La provincia cuenta con capacidades industriales, científicas y tecnológicas para impulsar esta transición. Según los datos presentados por el Ministerio de Ambiente, existen al menos 263 plantas de clasificación y tratamiento de materiales reciclables y el 94% de los municipios dispone de al menos una instalación de este tipo.

A esa infraestructura se suma una red de más de 25.000 recuperadores urbanos, cuyo trabajo resulta central para los circuitos de recuperación y valorización de materiales.

La Estrategia busca fortalecer esos sistemas, promover la formalización laboral y mejorar las condiciones de trabajo de quienes participan en la gestión de residuos. Desde la perspectiva ministerial, la economía circular no puede limitarse a una transformación tecnológica o industrial: también debe contemplar quiénes protagonizan el proceso y cómo se distribuyen sus beneficios.

En ese sentido, la inclusión de cooperativas, recuperadores y pequeñas unidades productivas constituye uno de los componentes sociales de la política. La generación de empleo verde, la capacitación y el desarrollo de oportunidades en los municipios forman parte de los objetivos de largo plazo.

Una construcción interministerial y participativa

La elaboración de la Estrategia requirió una articulación que excedió las competencias de la cartera ambiental. El Ministerio de Ambiente coordinó un comité integrado por las áreas provinciales de Producción, Ciencia e Innovación Tecnológica; Desarrollo Agrario; Economía; Infraestructura y Servicios Públicos; y Transporte.

El proceso contó con el acompañamiento técnico de la CEPAL y se apoyó en un relevamiento sectorial que reunió 127 respuestas de actores de más de 54 municipios.

A través de la Dirección de Gobernanza Ambiental se impulsaron formularios de consulta preliminar, mesas de trabajo con más de 150 empresas, cooperativas, universidades y organizaciones, además de una instancia de consulta pública para incorporar aportes a la versión preliminar del documento.

La participación de los distintos sectores busca que las medidas propuestas respondan a las características de cada cadena productiva y puedan implementarse con la intervención de los actores públicos y privados involucrados.

Metas hacia 2030 y 2040

La EPEC no se limita a establecer un diagnóstico. También define una hoja de ruta con acciones y objetivos para los próximos años, con metas específicas para cada cadena de valor.

Entre los principales compromisos proyectados se encuentran:

Biomasa. Las actividades agropecuarias y la industria de alimentos y bebidas representan, en conjunto, alrededor del 11,7% del producto provincial y generan cerca de 200.000 empleos formales. Los residuos ganaderos, los restos de alimentos y otros materiales orgánicos pueden transformarse en compost, fertilizantes, biogás y nuevos insumos productivos.

La propuesta apunta a aprovechar esos recursos y desarrollar circuitos que permitan reducir la disposición final, generar valor agregado y fortalecer las actividades vinculadas con la bioeconomía.

Construcción. El sector genera cerca de 100.000 empleos privados directos y concentra más de la mitad del valor agregado de la construcción nacional. La recuperación de hormigón, ladrillos, metales y madera permitiría reincorporar materiales a nuevos procesos productivos, reducir los costos de disposición y desarrollar mercados para los áridos y otros insumos reciclados.

Transporte. Esta actividad representa más del 7% del producto provincial y genera alrededor de 266.000 puestos de trabajo registrados. La gestión de neumáticos fuera de uso y baterías de ácido-plomo constituye uno de los principales desafíos ambientales del sector, aunque también representa una oportunidad para recuperar materiales mediante procesos industriales especializados.

Envases y empaques. Se trata de una cadena transversal a la producción de alimentos y bebidas, el comercio y prácticamente todos los sectores de consumo. Buenos Aires concentra el 100% de la capacidad productiva nacional de resinas plásticas básicas y cuenta con una importante red de recuperación y comercialización de plásticos, cartón, papel, vidrio y metales.

Para avanzar hacia esos objetivos, la estrategia contempla instrumentos de gobernanza, financiamiento, incentivos, capacitación, desarrollo tecnológico, trazabilidad y promoción de nuevos mercados para los materiales recuperados. También plantea fortalecer las compras públicas sustentables y los mecanismos de articulación entre el sector público, las empresas, las universidades y las organizaciones sociales.

Economía circular y transición justa

Desde el Ministerio de Ambiente remarcan que el cambio de modelo productivo debe contemplar tanto la dimensión ambiental como la social y económica. La reducción de residuos y emisiones, el uso eficiente de los recursos y la recuperación de materiales deben traducirse también en oportunidades de desarrollo, empleo y agregado de valor.

La perspectiva del Ambientalismo Popular propone que la transición no deje afuera a los trabajadores que hoy sostienen buena parte de los circuitos de recuperación, que fortalezca a las pequeñas y medianas empresas y que genere capacidades en los distintos municipios.

Con cinco cadenas productivas prioritarias, una estructura industrial de escala nacional y una amplia red de actores públicos, privados, científicos y sociales, Buenos Aires busca posicionar a la economía circular como una política transversal de desarrollo.

El desafío será convertir esa hoja de ruta en instrumentos concretos, inversiones y sistemas de gestión capaces de sostener las metas planteadas para 2030 y 2040. La transición, según la mirada del Gobierno provincial, no consiste solamente en generar menos residuos, sino en modificar la manera en que se producen, utilizan y recuperan los recursos, con criterios de inclusión y justicia ambiental.