Día de los Parques Nacionales: el legado del Perito Moreno también dejó su huella en Mendoza
Argentina celebra este 6 de noviembre el Día de los Parques Nacionales, una efeméride que tiene su origen en un hecho histórico ocurrido en 1903, cuando el científico, naturalista y explorador Francisco Pascasio Moreno, conocido como el Perito Moreno, donó al Estado Nacional tierras de su propiedad ubicadas en las cercanías del lago Nahuel Huapi, con el objetivo de que fueran preservadas como parque natural público.
Aquella donación constituyó uno de los antecedentes fundamentales del sistema de áreas protegidas de Argentina y convirtió al país en uno de los pioneros de la conservación de la naturaleza en América Latina.
Sin embargo, el legado de Moreno excede ampliamente la creación de los primeros parques nacionales. Sus expediciones por distintos puntos del territorio argentino permitieron documentar ecosistemas, formaciones geológicas, restos fósiles y vestigios de las culturas originarias. Entre esos recorridos, Mendoza ocupó un lugar destacado como escenario de sus investigaciones científicas.
Mendoza, un territorio de exploración científica
Hacia 1883, inspirado por los antecedentes de naturalistas como Charles Darwin, Moreno recorrió distintos sectores de la provincia de Mendoza con el propósito de estudiar las culturas prehispánicas y la riqueza paleontológica de la región cuyana.
Sus investigaciones incluyeron relevamientos arqueológicos, registros de petroglifos indígenas y manifestaciones de arte rupestre en zonas cordilleranas y precordilleranas. También recopiló información sobre fósiles y otros elementos que posteriormente contribuyeron a conformar las colecciones del Museo de La Plata.
Los trabajos realizados en el valle de Uspallata y las serranías de la precordillera aportaron información sobre las formas de ocupación humana de los Andes y sentaron antecedentes para el conocimiento y la preservación del patrimonio arqueológico mendocino.
Villavicencio, una escala en el camino hacia Uspallata
Las expediciones científicas hacia Uspallata durante el siglo XIX requerían transitar antiguos caminos de postas que atravesaban la precordillera. Se trataba de rutas utilizadas por carretas, mulas y arrieros, que conectaban la llanura mendocina con los pasos y asentamientos de montaña.
Uno de esos recorridos atravesaba Canota y la Quebrada de Villavicencio, para continuar por los caracoles hacia las alturas de Paramillos.
En ese itinerario, la antigua posta de Villavicencio constituía un punto estratégico para descansar, aprovisionarse de agua y observar las características geológicas del entorno. Moreno recorrió y estudió esos paisajes, caracterizados por sus formaciones montañosas, su biodiversidad y sus particulares condiciones ambientales.
Ese mismo territorio integra hoy la Reserva Natural Villavicencio, un área protegida que conserva ambientes representativos de la precordillera mendocina y resguarda un importante patrimonio natural, histórico y cultural.
Un corredor de conservación para las próximas generaciones
A más de un siglo de aquellas exploraciones, el espíritu de conservación que impulsó Moreno encuentra continuidad en las áreas naturales protegidas que buscan preservar la biodiversidad y el patrimonio de la región.
En Mendoza, la Reserva Natural Villavicencio, con más de 60.000 hectáreas, y la Reserva Natural de la Defensa Uspallata, con aproximadamente 215.000 hectáreas, conforman un espacio de gran relevancia ambiental para la protección de los ecosistemas precordilleranos.
La conexión entre ambas áreas representa una oportunidad para fortalecer la conservación de la biodiversidad, proteger los ambientes de montaña y preservar sitios de valor histórico, arqueológico y geológico.
En el Día de los Parques Nacionales, la historia del Perito Moreno permite recuperar una idea que mantiene plena vigencia: conocer el territorio es también el primer paso para protegerlo. En Mendoza, aquella mirada científica sigue encontrando continuidad en los paisajes de Villavicencio y Uspallata, donde la conservación del patrimonio natural constituye un desafío y una responsabilidad para las próximas generaciones.
