Semana de la Movilidad: el desafío energético detrás del Trambus porteño

Trambus

La Semana de la Movilidad invita a poner el foco no solo en cómo se desplazan las personas, sino también en la infraestructura necesaria para transformar el transporte urbano. En ese contexto, el proyecto Trambus de la Ciudad de Buenos Aires permite dimensionar la magnitud de esa transformación.

El nuevo sistema contará con más de 50 unidades 100% eléctricas y conectará Nueva Pompeya con Aeroparque. Según el Gobierno porteño, beneficiará a alrededor de 50.000 usuarios diarios y permitirá reducir en un 40% el tiempo del recorrido actual.

Pero la incorporación de colectivos eléctricos plantea un desafío que va más allá de la compra de los vehículos: garantizar la energía necesaria para que la operación sea confiable y eficiente. Para abastecer una flota inicial de 52 vehículos mediante 24 cargadores, uno de los puntos centrales del proyecto fue determinar cuánta potencia requeriría realmente la operación.

La pregunta no se limita a cuánta energía consume cada unidad. También es necesario analizar cuándo se cargan los vehículos, durante cuánto tiempo permanecen conectados, qué potencia demanda cada cargador y cómo administrar esos consumos para evitar picos que puedan afectar la infraestructura eléctrica.

En otras palabras, electrificar el transporte público implica diseñar, al mismo tiempo, una nueva infraestructura de movilidad y un sistema energético capaz de acompañarla. La planificación de la potencia disponible, la gestión inteligente de las cargas y la coordinación de los horarios de operación se vuelven factores determinantes para que una flota eléctrica pueda funcionar de manera sostenida.

El caso del Trambus muestra así una dimensión menos visible de la transición hacia una movilidad urbana más limpia: detrás de cada vehículo eléctrico hay una red, cargadores, potencia disponible y un esquema de gestión que debe estar preparado para responder a la demanda cotidiana de miles de pasajeros.