Atravesar zonas ambientalmente sensibles: el desafío de expandir infraestructura crítica con criterios de sustentabilidad
Por Santiago Torino
Hablar de expansión energética en la Argentina implica necesariamente hablar de territorio. Y en el caso de Camuzzi, también de escala. Nuestra compañía opera el sistema de distribución de gas natural más extenso del país: más de 52.000 kilómetros de gasoductos, ramales y redes de distribución que abastecen a más de 2,2 millones de usuarios en siete provincias y 370 localidades. Esa magnitud nos enfrenta diariamente a un desafío: cómo garantizar infraestructura energética segura y confiable atravesando ecosistemas sensibles
En una compañía que cubre el 45% del territorio nacional, atravesar zonas ambientalmente sensibles es parte estructural de la operación. Patagonia, áreas cordilleranas, zonas costeras, estepas, humedales o regiones de biodiversidad particular forman parte del entramado territorial donde debemos operar y expandir infraestructura crítica.
Por eso, la variable ambiental dejó hace tiempo de ser únicamente una instancia de cumplimiento regulatorio. Hoy forma parte del corazón de la gestión del riesgo operativo. En nuestro caso, ese enfoque se traduce en una evolución concreta: pasar de modelos reactivos hacia esquemas preventivos y resilientes. Particularmente en los últimos años en Camuzzi incorporamos la gestión integral del riesgo como componente transversal de la toma de decisiones, integrando seguridad operativa, protección ambiental y continuidad del servicio.
En territorios ambientalmente sensibles, la ingeniería no puede pensarse únicamente desde la eficiencia técnica. Debemos incorporar criterios de biodiversidad, análisis de impactos ambientales, evaluación de interferencias, gestión preventiva de contingencias y monitoreo continuo de activos.
En Camuzzi trabajamos la conservación y biodiversidad desde un enfoque preventivo. Esto implica analizar de manera sistemática las áreas donde deben desarrollarse las obras, a los fines de definir su ejecución fuera de zonas ambientalmente sensibles. Además se analizan los potenciales impactos ambientales de cada proyecto para definir medidas específicas de prevención y mitigación de los mismos, reconociendo además la importancia de los servicios ecosistémicos asociados a los territorios donde operamos.
Ese enfoque se complementa con herramientas técnicas concretas. Desarrollamos análisis de sensibilidad ambiental bajo Norma NAG 153, el cual permite identificar áreas de mayor vulnerabilidad ambiental y establecer medidas sitio-específicas de prevención y mitigación de impactos, así como protocolos de respuesta ante eventuales potenciales contingencias.
A su vez, aplicamos la denominada “jerarquía de mitigación”, una metodología cada vez más utilizada en proyectos de infraestructura crítica a nivel internacional. La lógica es clara: primero evitar impactos; cuando eso no es posible, minimizarlos; luego restaurar el entorno intervenido; y finalmente compensar aquellos efectos que no puedan eliminarse completamente.
Eso se traduce en decisiones operativas muy concretas. Por ejemplo, durante la etapa de ingeniería se analizan alternativas de traza para evitar áreas sensibles y se prioriza el uso de infraestructura existente. En cruces de ríos o cursos de agua se utilizan técnicas como perforación dirigida para reducir la alteración del terreno, mientras que las tareas de obra son supervisadas por especialistas ambientales que monitorean el cumplimiento de los estándares definidos para la obra.
La responsabilidad tampoco termina cuando finaliza una obra. La restauración de suelos, el restablecimiento de drenajes naturales y la regeneración vegetal forman parte del proceso operativo. Y cuando determinados impactos no pueden evitarse completamente, avanzamos en medidas compensatorias junto con autoridades y organizaciones especializadas.
En 2022, por ejemplo se realizó la plantación de especies arbóreas en la zona de Larroudé, Provincia de La Pampa, como medida compensatoria derivada de la obra de instalación del Gasoducto a General Villegas (Provincia de Buenos Aires). Además y como forma de contribuir a la recuperación de áreas afectadas por incendios forestales, en 2025 trabajamos junto a la Organización Amigos de la Patagonia en la plantación de 600 árboles en el Parque Nacional Lanín.
Estas son acciones que reflejan que la infraestructura energética del futuro necesita construir resiliencia no solamente operativa, sino también ambiental.
Existe una enorme oportunidad para demostrar que desarrollo, seguridad y protección ambiental no son objetivos incompatibles, sino dimensiones que deben gestionarse de manera integrada.
