Brasil impulsa una nueva fase del régimen climático centrada en la implementación
La presidencia brasileña de la Conferencia de las Partes sobre Cambio Climático (COP30) publicó el pasado 27 de enero una carta estratégica que redefine la etapa actual del régimen climático internacional. El documento plantea un giro conceptual claro: el sistema multilateral del clima habría ingresado en una nueva fase, marcada por menos negociación y más implementación.
El mensaje central sostiene que, frente a un escenario geopolítico fragmentado y con consensos globales cada vez más lentos, la acción climática debe avanzar a través de mecanismos más ágiles, sin reabrir debates ya cerrados. En ese marco, Brasil propone un esquema de “multilateralismo a dos velocidades”: por un lado, un nivel formal basado en el consenso entre Estados, que preserve la legitimidad legal del proceso; y por otro, un nivel más flexible de coaliciones, plataformas y liderazgos políticos orientados a acelerar la implementación concreta de los compromisos climáticos.
Entre los puntos más relevantes, la carta anticipa que Brasil asumirá un rol activo en dos hojas de ruta globales: la salida progresiva de la dependencia de los combustibles fósiles y el fin de la deforestación. Ambas son presentadas no solo como consignas ambientales, sino como herramientas de planificación económica y social, destinadas a evitar escenarios de inestabilidad financiera, macroeconómica y social.
En línea con este enfoque, el documento integra explícitamente la agenda climática con áreas clave de política pública como la estabilidad macroeconómica, la política industrial y de desarrollo, la seguridad energética, el costo de vida y los sistemas de protección social. De este modo, el clima deja de ser abordado únicamente como un problema ambiental para convertirse en un eje estructural de gobernanza económica y social.
La carta sugiere que, en el contexto actual, el avance climático dependerá cada vez más de plataformas de implementación y liderazgo político efectivo, incluso cuando el consenso multilateral avance a un ritmo más lento.
La transición energética de Brasil
En paralelo a este posicionamiento oficial, organizaciones de la sociedad civil brasileña publicaron un amplio conjunto de recomendaciones para una transición energética justa, anticipándose a la Hoja de Ruta oficial sobre transición energética que el propio presidente Luiz Inácio Lula da Silva encargó al gobierno brasileño tras la COP30.
Durante la COP30 realizada en Belém en 2025, Lula había realizado un llamado explícito a construir una hoja de ruta para superar la dependencia de los combustibles fósiles, generando impulso político hacia un proceso que deberá traducirse tanto en políticas nacionales como en la arquitectura de gobernanza climática internacional.
El documento elaborado por las organizaciones propone una salida ordenada y planificada de la dependencia fósil, basada en criterios de justicia social, acceso universal a la energía y derechos humanos, pero también en seguridad energética y estabilidad económica. En un contexto global marcado por el resurgimiento de una geopolítica centrada en los hidrocarburos, el texto argumenta que acelerar la transición energética ya no es solo una necesidad climática, sino una estrategia para reducir vulnerabilidades económicas y políticas.
El momento elegido no es casual. Brasil se encamina hacia un nuevo ciclo electoral, donde el costo de la energía, la desigualdad social y la volatilidad de los precios de los combustibles pueden transformarse en factores de inestabilidad. En ese escenario, la transición energética justa es presentada como una política de estabilización democrática.