Chile mira al mar: la desalinización se convierte en clave para el futuro de la minería

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El fuerte avance de los proyectos mineros en Chile vuelve a poner en el centro de la agenda la disponibilidad de agua. Mientras la producción de cobre demanda cada vez más recursos hídricos, la industria mira hacia el océano y la desalinización gana protagonismo. Una nueva ley busca ordenar el desarrollo de esta actividad, aunque especialistas advierten que todavía existen vacíos para proteger los ecosistemas marinos.

La minería chilena atraviesa un nuevo ciclo de expansión. Entre enero y junio de 2026, el Servicio de Evaluación Ambiental (SEA) aprobó 23 proyectos mineros por US$3.275 millones, una cifra significativamente superior a las 13 iniciativas aprobadas durante el mismo período de 2025.

El movimiento también se refleja en el ingreso de nuevos proyectos al sistema de evaluación. Durante el primer semestre de 2026 fueron presentadas 34 iniciativas mineras, con inversiones declaradas por más de US$18.000 millones.

El crecimiento proyectado para el sector, concentrado principalmente en las zonas desérticas del norte del país, vuelve a plantear una pregunta fundamental para una industria intensiva en el uso de agua: ¿de dónde saldrá el recurso necesario para sostener una mayor producción?

La respuesta apunta cada vez con mayor claridad hacia el océano.

Más cobre, más agua de mar

Según la última proyección de demanda hídrica elaborada por la Comisión Chilena del Cobre (Cochilco), el aumento de la producción del mineral —tanto por ampliaciones de operaciones existentes como por la puesta en marcha de nuevos proyectos— generará una mayor demanda de agua.

El organismo estima que el consumo de agua de la minería del cobre pasará de 18,5 metros cúbicos por segundo en 2024 a 20,6 metros cúbicos por segundo en 2034.

Aunque la diferencia puede parecer pequeña en términos absolutos, se trata de un volumen significativo: el incremento equivale aproximadamente a la cantidad de agua necesaria para llenar una piscina olímpica cada 20 minutos.

Pero el cambio más importante no estará necesariamente en cuánto agua utilizará la minería, sino en de dónde provendrá.

Las proyecciones de Cochilco indican que el agua de mar pasará de representar el 40,7% del abastecimiento de la minería del cobre al 67,6% en 2034.

La tendencia responde a una realidad geográfica: buena parte de los grandes yacimientos se encuentra en regiones extremadamente áridas, donde la disponibilidad de agua continental es limitada y donde la actividad minera compite con otros usos del recurso.

En ese escenario, la desalinización aparece como una herramienta cada vez más relevante para desvincular el crecimiento minero de la disponibilidad de agua dulce.

Una nueva ley para regular la desalinización

El avance de esta industria recibió en mayo de 2026 un nuevo marco regulatorio. Después de siete años de discusión parlamentaria, Chile promulgó una Ley de Desalinización, que establece por primera vez un régimen jurídico específico para esta actividad.

La norma busca regular la eliminación de la sal del agua de mar para permitir su utilización en distintos ámbitos, desde el consumo humano hasta actividades productivas como la minería.

Sin embargo, la implementación será gradual. La ley establece un plazo máximo de 18 meses para dictar los reglamentos necesarios para su aplicación y, dentro del mismo período, definir el procedimiento para elaborar una Estrategia Nacional de Desalinización.

Este instrumento tendrá como objetivo orientar el desarrollo de la actividad y coordinarlo con la planificación hídrica, ambiental y territorial del país.

Uno de los principales objetivos de la nueva regulación es contribuir a la seguridad hídrica y a la adaptación frente al cambio climático, en un país que viene enfrentando períodos de sequía cada vez más intensos y prolongados.

Pero mientras la desalinización aparece como una solución frente a la escasez de agua dulce, especialistas advierten que el desarrollo de esta industria también puede generar nuevos impactos ambientales.