La electrificación gana protagonismo en el camino hacia la COP31
La transición energética ocupó un lugar central ayer martes en Nueva York, durante el inicio de la 81ª Asamblea General de las Naciones Unidas. En paralelo al debate general de la UNGA, la presidencia de la COP31 y la Agencia Internacional de Energía (IEA) impulsaron un diálogo de alto nivel sobre electrificación, uno de los ejes que Türkiye y Australia buscan instalar de cara a la próxima conferencia climática, que se realizará en Antalya.
Un nuevo informe de la IEA plantea que elevar hasta el 35% la participación de la electricidad en el consumo final de energía para 2035 es técnicamente posible con las tecnologías disponibles actualmente. Según el organismo, una aceleración de la electrificación podría reducir en más de US$400.000 millones anuales las facturas de importación energética de los países dependientes de combustibles del exterior y disminuir alrededor de un 15% los gastos energéticos de los hogares.
El desafío adquiere una dimensión particular en América Latina. La región cuenta con una de las matrices eléctricas menos intensivas en carbono a nivel global, pero mantiene una importante dependencia de los combustibles fósiles en sectores como el transporte y la industria. Al mismo tiempo, varios países continúan ampliando su producción de petróleo y gas.
El desafío de alcanzar el 35% de electrificación
El objetivo de alcanzar un 35% de electrificación para 2035 fue anunciado por la presidencia turca de la COP31 en junio como uno de los principales ejes de su agenda de acción.
La meta apunta a incrementar la participación de la electricidad en el consumo final de energía, que actualmente se ubica apenas por encima del 20%, y acelerar el reemplazo del uso directo de combustibles fósiles en actividades como el transporte, los edificios y la industria.
El análisis de la IEA sostiene que alcanzar ese nivel es posible desde el punto de vista tecnológico, aunque requerirá una transformación significativa de los sistemas eléctricos. En un escenario de alta electrificación, las redes deberían expandirse y modernizarse un 40% más rápido hasta 2035 que durante la década anterior.
A esto se suma otro desafío: más de 2.500 GW de proyectos de generación renovable, almacenamiento y grandes consumidores permanecen actualmente a la espera de conexión a las redes eléctricas en distintas partes del mundo.
Por lo tanto, el debate no se limita a generar más electricidad, sino también a definir cómo se produce, cómo se transporta y quiénes tienen acceso a ella.
En ese sentido, Climate Action Network International advirtió que el objetivo del 35% para 2035 no debería evaluarse únicamente por el volumen de electrificación alcanzado, sino también por las fuentes utilizadas para generar esa electricidad y por las condiciones de acceso y control de los sistemas energéticos.
Las renovables avanzan, pero el desafío es mayor
La discusión coincide con nuevos datos de la Agencia Internacional de Energías Renovables (IRENA). Durante 2025 se incorporaron 692 GW de capacidad renovable a nivel mundial, un récord que llevó la capacidad instalada total a 5.149 GW.
A pesar de este crecimiento, IRENA advierte que el ritmo de expansión deberá acelerarse de manera considerable para alcanzar el objetivo global de triplicar la capacidad renovable para 2030.
América del Sur parte de una posición relevante en este proceso. Según los datos de IRENA, la región contaba con aproximadamente 334 GW de capacidad renovable instalada al cierre de 2025, con Brasil como principal actor.
Sin embargo, el crecimiento de la generación renovable deberá estar acompañado por inversiones en redes eléctricas, almacenamiento e infraestructura, de modo que esa electricidad pueda sustituir efectivamente el consumo de combustibles fósiles en sectores como el transporte y la industria.
Brasil y las tensiones de la transición energética
Las intervenciones de los países latinoamericanos en Nueva York también expusieron algunos de los dilemas que atraviesa la región.
Durante su discurso ante la Asamblea General de la ONU, el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, reafirmó el compromiso de su país con la transición energética y anunció que Brasil presentará una hoja de ruta para avanzar en la transición fuera de los combustibles fósiles, en línea con compromisos vinculados a la agenda de la COP30, realizada el año pasado en Belém.
Al mismo tiempo, Lula defendió la continuidad de la investigación y exploración de nuevas reservas de petróleo, incluida la denominada margen ecuatorial, frente a las costas del norte brasileño.
El gobierno de Brasil sostiene que el desarrollo económico y la explotación de los recursos naturales pueden coexistir con políticas ambientales y una transición hacia una matriz energética más limpia.
La situación brasileña refleja una tensión que atraviesa a buena parte de América Latina. La región busca aprovechar su potencial en energías renovables, minerales críticos y tecnologías limpias, mientras varios países continúan dependiendo de los ingresos, las inversiones y el empleo vinculados a la producción de petróleo y gas.
De cara a la COP31, que tendrá a la electrificación como uno de sus ejes de discusión, el debate se amplía entonces más allá de cuánto crecerá el consumo eléctrico. También estarán en juego qué fuentes reemplazarán a los combustibles fósiles, cómo se financiará la infraestructura necesaria y cómo se distribuirán los beneficios de la transformación energética.