Vaca Muerta: el desafío de crecer como potencia energética sin perder de vista el impacto ambiental

AOG Halperin

Fernando Halperín, coordinador del Plan de Comunicaciones del IAPG, sostuvo que la formación neuquina puede posicionar a la Argentina como proveedor energético global. Advirtió que alcanzar exportaciones por US$ 50.000 millones en 2033 dependerá de inversiones sostenidas, infraestructura y acceso a los mercados internacionales.

En un mundo atravesado por una creciente demanda de energía y una matriz que todavía depende mayoritariamente de los combustibles fósiles, Vaca Muerta representa para la Argentina una oportunidad estratégica que va más allá de las inversiones y los negocios del sector. Su desarrollo plantea el desafío de transformar los recursos disponibles en producción, abastecimiento y exportaciones, sin perder de vista los impactos ambientales y las oportunidades de crecimiento económico.

Esa fue una de las principales reflexiones de Fernando Halperín, coordinador del Plan de Comunicaciones del Instituto Argentino del Petróleo y del Gas (IAPG), durante su exposición en la Conferencia Argentina Oil&Gas (AOG), titulada “Vaca Muerta: ¿tema del momento o recurso del futuro?”.

“La idea es poner a Vaca Muerta en contexto, para entender para qué sirve y preguntarnos si es algo que está de moda o si es un recurso que va a seguir teniendo importancia en el futuro. En el siglo XXI necesitamos la energía para vivir y producir. No podemos vivir sin energía hoy. Es algo que nos atraviesa”, afirmó.

El objetivo de exportar US$ 50.000 millones

Uno de los principales horizontes económicos asociados al desarrollo de Vaca Muerta es la posibilidad de alcanzar exportaciones energéticas por US$ 50.000 millones en 2033, una cifra que Halperín comparó con el aporte del complejo agroexportador.

“Tenemos que aprovechar ese recurso que nos ofrece una formación como Vaca Muerta y dinamizar la economía”, señaló el especialista.

Sin embargo, advirtió que la disponibilidad de recursos naturales no garantiza por sí sola el éxito. La oportunidad consiste en convertir ese potencial geológico en producción efectiva, garantizar el abastecimiento interno y ampliar las ventas al exterior. Para ello, la competitividad dependerá de inversiones sostenidas, infraestructura adecuada y acceso a los mercados internacionales.

En esa ecuación, Vaca Muerta puede convertirse en un motor de generación de divisas y actividad económica, siempre que la Argentina logre desarrollar las condiciones necesarias para aprovechar sus recursos a escala industrial.

Una matriz energética que todavía depende de los hidrocarburos

Halperín contextualizó las perspectivas de la formación neuquina a partir de la composición de la matriz energética mundial. Según los datos que presentó, los combustibles fósiles representan alrededor del 81% del consumo energético global, mientras que el petróleo y el gas explican aproximadamente el 54%.

Aunque las energías renovables continúan expandiéndose, el carbón, el petróleo y el gas mantienen un papel central en la generación eléctrica, el transporte y la actividad industrial, especialmente en economías de gran escala como Estados Unidos, China y Rusia.

“Las renovables vienen a abastecer una parte del crecimiento de la demanda mundial de energía. Por ahora, lo que tenemos es una adición energética, no una transición. El mundo sigue moviéndose con carbón, petróleo y gas, porque necesita esos recursos”, sostuvo.

Desde esa perspectiva, el coordinador del IAPG consideró que la demanda internacional de hidrocarburos seguirá siendo un factor relevante para evaluar las posibilidades de desarrollo de Vaca Muerta.

La Argentina, por su parte, presenta características particulares: el gas natural representa alrededor del 53% de su matriz energética y el país dispone, además, de recursos hidroeléctricos, renovables y nucleares.

“La Argentina es un país gasífero. La mitad de nuestra matriz energética corresponde al gas natural y prácticamente no utilizamos carbón. Tenemos abundantes recursos de gas, alternativas renovables e hidráulicas y una tradición en energía nuclear”, explicó.

No obstante, advirtió que esa configuración también genera vulnerabilidades. “Quedamos muy atados al gas y al petróleo. Tenemos una alta dependencia de los hidrocarburos y una baja diversificación”, afirmó.

A esa dependencia se suman las dificultades para desarrollar proyectos, las limitaciones de infraestructura y la necesidad de reducir costos para garantizar el suministro a los centros urbanos y ampliar las exportaciones.

El desafío ambiental y la seguridad energética

El desarrollo hidrocarburífero también plantea interrogantes ambientales que, según Halperín, deben formar parte del análisis estratégico.

“Toda la energía que utilizamos se la pedimos a la naturaleza y la mayor parte genera gases de efecto invernadero (GEI). Para obtener algunos recursos tenemos que quemarlos y, al hacerlo, generamos emisiones que representan un problema enorme”, reconoció.

Sin embargo, sostuvo que las decisiones energéticas deben contemplar tanto los costos ambientales como los beneficios económicos y sociales asociados a la disponibilidad de energía.

“Que Neuquén sea la única provincia que crece está relacionado con el hecho de que es productora de energía. Si no tenemos en cuenta esos impactos positivos, podemos tomar decisiones equivocadas”, planteó.

Como ejemplo, aludió a las dificultades de abastecimiento energético que atravesó Europa tras la invasión rusa de Ucrania y a las tensiones entre las políticas ambientales, la seguridad del suministro y la disponibilidad de combustibles.

Su planteo apuntó a la necesidad de equilibrar los objetivos de reducción de emisiones con la continuidad del abastecimiento y la competitividad económica, en un contexto internacional en el que los hidrocarburos todavía ocupan un lugar central.

Vaca Muerta, clave para revertir el declino de la producción convencional

El potencial de la formación neuquina adquiere mayor relevancia frente al agotamiento progresivo de los yacimientos convencionales y la necesidad de sostener la producción nacional de petróleo y gas.

A diferencia de los reservorios tradicionales, el desarrollo de Vaca Muerta requiere técnicas no convencionales, entre ellas la fractura hidráulica, que permite liberar los hidrocarburos atrapados en formaciones de baja permeabilidad mediante la inyección de agua, arena y productos químicos.

“Este proceso no es simple ni barato. Depende de las condiciones económicas. El recurso está, pero para aprovecharlo necesitamos que las inversiones sean viables”, explicó Halperín.

Desde el descubrimiento de petróleo en Comodoro Rivadavia, en 1907, se perforaron alrededor de 80.000 pozos en el país. De ese total, unos 29.000 permanecen activos y 3.984 corresponden a desarrollos no convencionales. Según las cifras expuestas, estos últimos aportan alrededor del 70% de la producción petrolera argentina.

“Eso cambió totalmente la historia de nuestra producción de gas y petróleo. Hace 70 años que estamos extrayendo hidrocarburos y hoy vemos declinos en las cuencas maduras. Vaca Muerta nos permite modificar esa perspectiva y contar con recursos para sostener la producción durante muchos años”, señaló.

Las estimaciones presentadas durante la exposición dimensionan la magnitud del recurso. Las cuencas argentinas reunirían unos 802 billones de pies cúbicos de gas no convencional, de los cuales aproximadamente 308 billones corresponderían a Vaca Muerta. En petróleo, la formación tendría recursos estimados en 16.000 millones de barriles, frente a una producción acumulada nacional de 12.600 millones de barriles entre 1907 y 2022.

Estas cifras refuerzan el potencial productivo de la cuenca, aunque su aprovechamiento efectivo dependerá de la rentabilidad de los proyectos, la continuidad de las inversiones y la capacidad de evacuar los volúmenes crecientes de producción.

Oleoductos y proyectos de GNL para llegar al mundo

La expansión de Vaca Muerta requiere infraestructura que permita trasladar los hidrocarburos desde la cuenca neuquina hacia los centros de consumo y los mercados internacionales.

En petróleo, Halperín destacó el proyecto Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), destinado a conectar la cuenca con Punta Colorada, en Río Negro, y ampliar la capacidad de exportación mediante instalaciones portuarias preparadas para operar con grandes buques petroleros.

“Las boyas que se instalen allí van a permitir cargar los buques petroleros más grandes del mundo, que hoy no llegan a la Argentina porque no teníamos la infraestructura necesaria”, explicó.

En el segmento del gas, el especialista repasó dos iniciativas orientadas a desarrollar exportaciones de gas natural licuado (GNL).

La primera es la de Southern Energy, que prevé instalar dos unidades flotantes de licuefacción con una capacidad conjunta de seis millones de toneladas anuales. El proyecto también contempla un gasoducto dedicado de 472 kilómetros y un plan de inversiones de US$ 15.000 millones durante 20 años, con el objetivo de abastecer mercados de América Latina, Asia y Europa.

La segunda iniciativa es Argentina LNG, liderada por YPF junto con ENI y XRG, vinculada a ADNOC. El proyecto contempla la construcción de un gasoducto de aproximadamente 520 kilómetros, un poliducto paralelo, instalaciones portuarias y el desarrollo de yacimientos, además de dos unidades flotantes con una capacidad conjunta inicial de 12 millones de toneladas anuales.

Ambas propuestas reflejan la importancia de desarrollar una cadena de infraestructura que permita transformar el crecimiento de la producción en exportaciones de mayor escala y sostener la presencia argentina en los mercados internacionales.

Del recurso geológico al desarrollo económico

Para Halperín, el futuro de Vaca Muerta no debe evaluarse únicamente en función de su capacidad para atraer inversiones o incrementar la producción. Su importancia también reside en las posibilidades de generar divisas, impulsar el empleo, dinamizar las economías regionales y fortalecer la posición de la Argentina como proveedor energético.

El desafío será articular ese potencial con una estrategia de largo plazo que contemple la infraestructura, la competitividad, la seguridad del abastecimiento y la gestión de los impactos ambientales.

En un escenario internacional donde los hidrocarburos continúan siendo determinantes para el funcionamiento de las economías, Vaca Muerta aparece como un activo estratégico. Pero convertir esa ventaja geológica en crecimiento sostenido exigirá inversiones, previsibilidad y capacidad para competir por los mercados.

“Tenemos que aprovechar estos recursos que nos ofrece Vaca Muerta y exportarlos al mundo, porque nos van a sobrar”, concluyó Halperín.