Bunge impulsa en Argentina cultivos de baja huella de carbono para biocombustibles de segunda generación
Bunge, una de las principales compañías globales de soluciones agroindustriales, consolidó en Argentina un programa de producción de cultivos de baja huella de carbono destinados a la industria de los biocombustibles de segunda generación, un segmento que gana protagonismo a nivel mundial por su aporte a la descarbonización y la transición energética.
El aceite producido entre diciembre y enero ya arribó a Europa, donde comenzará a utilizarse para la elaboración de biocombustibles avanzados certificados, elaborados a partir de materias primas con menores emisiones asociadas.
La iniciativa forma parte del programa de Agricultura Regenerativa de la compañía y alcanzó durante la última campaña unas 90.000 hectáreas productivas distribuidas en más de 1.000 lotes ubicados en ocho provincias argentinas, triplicando el volumen logrado en el ciclo anterior.
Cultivos certificados con baja huella de carbono
La demanda internacional de biocombustibles de segunda generación viene creciendo de manera acelerada, impulsada por políticas globales de reducción de emisiones y por la necesidad de contar con insumos certificados ambientalmente.
En ese contexto, Bunge destacó que todos los cultivos incluidos en el programa lograron las máximas certificaciones de emisiones de carbono, e incluso algunos casos demostraron capacidad de fijación neta de carbono y efectos positivos sobre el ambiente.
“Todos los cultivos del programa lograron los mejores certificados de emisiones de carbono, llegando en algunos casos a comprobar fijación de carbono y efectos positivos sobre el ambiente”, explicó Jorge Bassi, Director de Marketing y Nuevos Negocios de la compañía.
Según detalló el ejecutivo, el proceso incluyó un intenso trabajo técnico y de campo, con muestreos de suelo, análisis de carbono y nutrientes y la elaboración de mapas destinados tanto a la certificación ambiental como a optimizar el manejo agronómico de las próximas campañas.
Colza, camelina y cártamo
Las oleaginosas impulsadas por Bunge se implantan en reemplazo de barbechos tradicionales, permitiendo incorporar carbono al suelo durante períodos históricamente improductivos y funcionando como “puentes verdes con cosecha”.
El programa trabaja actualmente con tres especies: colza, camelina y cártamo, seleccionadas según las características productivas de cada región y sistema de rotación.
“Los cultivos que pueden cumplir este rol son muy específicos por región y tipo de rotación. El programa de Agricultura Regenerativa de Bunge cuenta con tres especies diferentes: colza, cártamo y camelina, cada una con diferentes posibilidades genéticas, para que el productor pueda elegir el cultivo y ciclo que mejor se adapta a su campo”, señaló Bassi.
En el caso de la colza, el cultivo más desarrollado dentro del esquema, el programa ya dispone de nueve híbridos con características diferenciadas.
Alianzas estratégicas y expansión
La compañía también avanzó en acuerdos estratégicos para fortalecer la genética y asegurar mercados para la producción.
En camelina, Bunge invirtió junto a Chevron en Chacraservicios, una firma local especializada en genética y producción a campo. En colza, trabaja con híbridos —algunos importados desde Alemania—, mientras que para cártamo utiliza semillas provenientes de Norteamérica y mantiene convenios de investigación para desarrollar nuevas variedades.
“Sabemos que, para que el programa sea un éxito, no sólo es importante el margen que obtiene el productor, sino también la estabilidad de estos cultivos, su fecha de cosecha y el efecto que generan como antecesores de los cultivos de verano”, afirmó Bassi.
El ejecutivo sostuvo además que la incorporación de mejor genética y asesoramiento técnico está generando una rápida expansión del programa. “Las expectativas para esta campaña nos llevan a pensar en una duplicación de áreas y producción”, agregó.
Agricultura y energía
Con este desarrollo, Bunge busca posicionarse como uno de los actores pioneros en la integración entre agricultura regenerativa y transición energética en Argentina.
La compañía destacó que este tipo de esquemas también genera beneficios para la economía local, ya que incrementa la producción agrícola, mejora la fijación de carbono en los suelos y promueve el agregado de valor dentro del país.
Los cultivos producidos se transforman en aceites para biocombustibles y las harinas resultantes se destinan a alimentación animal, fortaleciendo así las cadenas agroindustriales vinculadas a las nuevas energías.