Daniela Vilar: “Nos interesa consolidar un espacio de encuentro, debate y construcción de consensos que nos permitan pensar una Argentina y una región con más justicia social y ambiental”

Daniela Vilar entrevista

A pocos días de la segunda edición del Congreso Agenda Ambiental Latinoamericana, que se realizará el 29 y 30 de octubre en la ciudad de La Plata, nos preparamos para conocer los principales ejes de este encuentro que reunirá a referentes ambientales, especialistas, universidades, organizaciones y representantes de distintos países de América Latina.

Organizado por el Ministerio de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, el Congreso propone generar un espacio de diálogo e intercambio de experiencias para pensar respuestas colectivas frente a la crisis climática, articulando el conocimiento científico, las políticas públicas y las realidades de cada territorio.

Para conocer más sobre los objetivos, las expectativas y la importancia de este encuentro, Futuro Sustentable conversó con Daniela Vilar, ministra de Ambiente de la provincia de Buenos Aires, sobre la segunda edición del Congreso Agenda Ambiental Latinoamericana, los desafíos de la crisis climática y la importancia de fortalecer los espacios de encuentro y debate para avanzar hacia una mayor justicia social y ambiental.

Futuro Sustentable – ¿Qué importancia tiene para la provincia de Buenos Aires ser sede de una nueva edición de la Agenda Ambiental Latinoamericana y qué expectativas tienen respecto de este encuentro?

Daniela Vilar – Que la Agenda Ambiental Latinoamericana suceda en la Provincia de Buenos Aires no es casual. Es un territorio que viene consolidando una mirada ambiental desde hace años y que, desde la creación del primer Ministerio de Ambiente de su historia, sostiene la política ambiental a pesar del ataque feroz que hace el gobierno nacional. Un ataque que se expresa desde lo discursivo, por ejemplo, sosteniendo que la crisis climática no existe, pero, fundamentalmente desde lo político, con decisiones como cerrar el Ministerio de Ambiente nacional y recortar todo presupuesto para políticas ambientales que acumula una pérdida del 79,6% con respecto al 2023. También con la derogación de leyes fundamentales para cuidar nuestros bienes, como la Ley de Glaciares, y el intento -que el pueblo le frustró- de derogar la Ley de Tierras de Cristina y la modificación de la Ley de Fuego que impulsó Máximo Kirchner para proteger las tierras de los incendios intencionales.

Nuestro pueblo ya demostró, con las movilizaciones masivas de todo este año, que estos temas importan. Es en ese contexto de disputa sobre cuestiones ambientales que las y los bonaerenses volvemos a ser anfitriones de un espacio como este, que puede alojar estas discusiones, construir consensos y pensar como seguir adelante. Para nosotros esto representa un orgullo y un alivio enorme.

En la Agenda Ambiental Latinoamericana del año pasado participaron más de 2000 personas, contamos con 120 panelistas de todo el país y países vecinos y se presentaron 85 pósters científicos. Los deseos de que se amplíe la convocatoria siempre están (y en ese camino estamos, porque ya cerramos la convocatoria de pósters y recibimos 200 propuestas!), pero por sobre todas las cosas lo que nos interesa es consolidar un espacio de encuentro, debate y construcción de consensos que nos permitan pensar una Argentina y una región con más justicia social y ambiental.

 

FS – ¿Qué puede aportar América Latina, desde sus propias experiencias y necesidades, al debate global sobre la crisis climática y la protección del ambiente?

DV – Hace un par de años que las problemáticas ambientales están en el centro de la agenda de los organismos multilaterales y principales instituciones internacionales, fruto de lo que llamamos la triple crisis ambiental, de contaminación, cambio climático y pérdida de la biodiversidad.

Sin embargo, nosotros entendemos que las discusiones y objetivos que se pautan en esos ámbitos están totalmente alejados de las realidades que vivimos en nuestros territorios del sur global. Mientras que son los países del norte los que concentran el 70% de la riqueza global, y por lo tanto, los que generan la mayor cantidad de emisiones de gases contaminantes, somos los países más pobres los que emitimos menos y los que, a su vez, estamos más expuestos a las consecuencias de la crisis ambiental porque contamos con menos recursos para hacerle frente. Entonces, lo primero que proponemos desde nuestra región es un llamamiento a repensar el modelo que nos trajo hasta acá.

Un modelo que expolio nuestros bienes comunes naturales y los trasladó a los poderes coloniales. Un modelo que nos impuso economías primarizadas y términos de intercambio que causaron este desequilibrio económico a lo largo de la historia. Un modelo que permite que 12 personas en el mundo concentren la misma cantidad de riqueza que la mitad más pobre del planeta, 4 mil millones de personas. Que no controla a los mil millonarios, y en contraposición, ajusta y desplaza al pueblo que cada vez vive peor. No podemos pensar las cuestiones ambientales escindidas del ámbito económico, político y social, de la convergencia histórica que nos trajo hasta acá. Queremos disputar lo que legítimamente nos corresponde tras décadas de sometimiento, extractivismo y asfixia financiera: estrategias de adaptación, de financiamiento y desarrollo que sean realmente justas. Para reivindicar, ante todo, el derecho al Buen Vivir de nuestra gente.