COP17: ponen el foco en el financiamiento y advierten que el mundo avanza demasiado lento

COP17 apertura

Casi 200 países se reúnen en Ereván, Armenia, para evaluar el cumplimiento de las metas globales de conservación hacia 2030. La secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica, Astrid Schomaker, advirtió que los objetivos siguen siendo alcanzables, pero requieren cambios profundos y una mayor movilización de recursos.

La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Biodiversidad (COP17) comenzó en Ereván, Armenia, con un desafío central: evaluar los avances del plan global para frenar y revertir la pérdida de biodiversidad y definir los ajustes necesarios para cumplir los objetivos establecidos para 2030.

Durante dos semanas, representantes de casi 200 países analizarán el grado de implementación del Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal, adoptado en 2022, y las medidas necesarias para acelerar la protección de los ecosistemas, las especies y los recursos naturales.

La evaluación llega en un momento decisivo. A menos de cuatro años del plazo fijado para alcanzar las metas, la secretaria ejecutiva del Convenio sobre la Diversidad Biológica (CDB), Astrid Schomaker, consideró que el mundo avanza en la dirección correcta, aunque a un ritmo insuficiente.

Los objetivos todavía pueden alcanzarse, sostuvo, pero será necesario impulsar cambios significativos en las políticas públicas, los sistemas productivos y los mecanismos de financiamiento destinados a la conservación.

Subsidios y decisiones políticas, en el centro del debate

Uno de los principales desafíos de la COP17 será abordar reformas que afectan intereses económicos y políticos consolidados. Entre ellas se encuentran los subsidios e incentivos perjudiciales para la biodiversidad, vinculados a actividades como la agricultura y los combustibles fósiles.

Modificar estos mecanismos implica revisar políticas que sostienen sectores estratégicos de las economías nacionales y avanzar hacia modelos de producción y consumo compatibles con la protección de la naturaleza.

Schomaker reconoció que el contexto internacional agrega dificultades a las negociaciones. En sus declaraciones ante la prensa, advirtió que la geopolítica también influye en las discusiones sobre biodiversidad, en un escenario en el que las prioridades económicas, las tensiones internacionales y las diferencias entre países pueden condicionar los compromisos ambientales.

La conferencia buscará, por lo tanto, traducir los objetivos globales en decisiones concretas, con políticas capaces de reducir las presiones sobre los ecosistemas y acelerar la transformación de las actividades que contribuyen a su degradación.

El financiamiento, una condición clave para cumplir las metas

La movilización de recursos económicos aparece como uno de los puntos más sensibles de las negociaciones. Para los países en desarrollo, que albergan una proporción significativa de la biodiversidad mundial, contar con financiamiento suficiente, previsible y accesible resulta fundamental para implementar sus compromisos de conservación.

La necesidad es especialmente relevante para América Latina, una de las regiones con mayor riqueza biológica del planeta y con extensos ecosistemas esenciales para la regulación climática, la provisión de agua y la conservación de especies.

Sin recursos adecuados, las metas internacionales corren el riesgo de quedar limitadas a declaraciones de intención, sin traducirse en acciones efectivas sobre el territorio. Por eso, uno de los ejes de la discusión será cómo fortalecer el apoyo financiero a las naciones que enfrentan mayores necesidades de conservación, pero cuentan con recursos limitados para hacerlo.

El desafío también implica definir cómo se distribuyen los costos de la protección de la biodiversidad y qué responsabilidades corresponden a los países desarrollados, las economías emergentes y el sector privado.

Un plazo cada vez más cercano

El Marco Mundial de Biodiversidad de Kunming-Montreal establece objetivos para detener y revertir la pérdida de naturaleza, entre ellos la conservación del 30% de las tierras y aguas continentales, y del 30% de las zonas marinas y costeras para 2030. También contempla la restauración de ecosistemas degradados y la eliminación o reforma de incentivos perjudiciales para la biodiversidad.

La COP17 representa una oportunidad para revisar los avances, identificar las brechas de implementación y reforzar la cooperación internacional. El resultado dependerá, en buena medida, de la capacidad de los países para convertir los compromisos asumidos en políticas sostenidas, inversiones concretas y mecanismos de seguimiento.

Con el horizonte de 2030 cada vez más próximo, el mensaje que atraviesa las negociaciones es claro: los objetivos globales de biodiversidad todavía son posibles, pero alcanzarlos exige acelerar las medidas, afrontar decisiones políticamente complejas y garantizar que los recursos lleguen a los territorios donde la conservación resulta más urgente.