Argentina en la COP30 entre la inacción nacional y el avance provincial
Por Mariano Villares, cofundador de Sustentabilidad Sin Fronteras
La COP30 de Cambio Climático en Belém entró en su tramo decisivo luego de una primera semana intensa en la que se mezclaron avances técnicos, bloqueos políticos y una calle movilizada que reclamó más ambición y justicia climática. Brasil colocó a la Amazonia en el centro del escenario y abrió una discusión incómoda sobre coherencia entre discurso y modelo de desarrollo, al mismo tiempo que las negociaciones volvieron a mostrar lo lejos que estamos de una trayectoria compatible con 1,5 grados de calentamiento global.
La primera semana en la mesa de negociación
La presidencia brasileña presentó un documento de opciones para ordenar el debate en la segunda semana. El texto concentra los nudos centrales mejorar los planes de reducción de emisiones, acordar una hoja de ruta para el nuevo objetivo colectivo de financiamiento climático y clarificar cómo se traducen las promesas en acciones verificables en los países.
Sigue abierta la discusión sobre cuánto se van a reforzar las Contribuciones Nacionalmente Determinadas y en qué plazo. Más de ochenta países todavía no presentaron sus metas 2035 y las proyecciones globales hablan de un mundo que se encamina a entre 2,6 y 3,1 grados de aumento de temperatura, muy por encima del objetivo del Acuerdo de París.
En financiamiento, la tarea pendiente es pasar del número global acordado en Bakú a una trayectoria creíble de desembolsos. Los países en desarrollo presionan por un plan vinculante que haga operativa la obligación de los países desarrollados de apoyar con recursos públicos la acción climática, tal como recoge el Artículo 9, mientras se discute el rol del sector privado y de los bancos multilaterales en la movilización de capital a escala.
El rol de Argentina y los gobiernos subnacionales
Argentina llegó a Belém en un contexto de negacionismo climático desde el gobierno nacional y con fuerte protagonismo de las provincias. La tercera NDC anunciada antes de la COP generó más preguntas que respuestas sobre ambición y gobernanza, por la ausencia de un proceso participativo y de un esquema robusto de seguimiento. Esa debilidad se ve reflejada en el Observatorio Nacional de Acción Climática que coordinamos desde Sustentabilidad Sin Fronteras, donde el 73% de un conjunto de cien objetivos oficiales relevados muestra alto riesgo de incumplimiento hacia 2030.
Si bien el gobierno nacional, en un evento virtual, aseguró que presentará la nueva NDC en la COP, aún no hay novedades al respecto y el viaje del subsecretario de Ambiente, Fernando Brom, se habría suspendido y habría presentado su renuncia, de acuerdo con lo mencionado en diversos medios días atrás. Sumado a que el rol de Argentina en las principales negociaciones, a través de la delegación reducida de Cancillería, se concentró en obstaculizar avances, en particular cuando se abordaron cuestiones de género, derechos de los pueblos originarios y transición energética.
En contraste, las autoridades ambientales provinciales aprovecharon la primera semana para fortalecer vínculos con redes internacionales, explorar instrumentos de financiamiento subnacional y visibilizar planes propios de transición energética y adaptación. La agenda subnacional aparece como uno de los pocos espacios donde Argentina todavía puede mostrar continuidad de políticas y construcción técnica más allá de los vaivenes nacionales. Desde Sustentabilidad Sin Fronteras contribuimos al respecto coordinando reuniones estratégicas con las provincias y European Climate Foundation, Under2, International Emissions Trading Association (IETA), Natura, Globant, además de facilitar espacios para que sean oradores, como así también una reunión cerrada junto al secretario ejecutivo de la UNFCCC, Simon Stiell, sobre el rol de los subnacionales en la agenda climática.
La legitimidad del proceso en medio de marchas, protestas y movilizaciones
La primera semana no se jugó solo en las salas de negociación. Decenas de miles de personas marcharon en Belém en una movilización que combinó reclamos de justicia climática, defensa de los pueblos indígenas y cuestionamientos al avance del agronegocio y la minería en la Amazonia.
Hubo también bloqueos en los accesos a la conferencia encabezados por organizaciones indígenas que denunciaron la brecha entre los discursos oficiales y la realidad en los territorios, al tiempo que se multiplicaban las quejas por la limitada participación de comunidades afectadas dentro del predio frente a la presencia masiva de lobistas corporativos. Si bien se trata de la COP con mayor participación de pueblos originarios en los últimos años, por la cercanía de la sede con la Amazonia se esperaba una participación todavía más amplia.
Lo que se viene en la segunda semana
Con los ministros ya presentes en Belém, la segunda semana se organiza en torno a una suerte de instancia de alto nivel, una ronda intensiva de consultas políticas para intentar destrabar los temas más sensibles. La presidencia brasileña necesita articular tres piezas en simultáneo resultado sobre NDC 2035 con señales claras de ambición, una guía creíble para el nuevo objetivo de financiamiento y pasos concretos en pérdidas y daños y mercados de carbono que mantengan viva la promesa de 1,5 grados.
Belém no va a resolver todos los problemas de la gobernanza climática global. Pero una semana de COP30 ya alcanzó para recordar algo básico, los discursos se agotan rápido cuando no vienen acompañados de cronogramas, responsables y presupuestos que se sientan en el territorio. Esa es la vara con la que vale la pena leer lo que pase en los próximos días y en los meses que sigan.

