Economía sustentable con perspectiva de género: el desafío para un futuro inclusivo
En Argentina y la región, la transición hacia una economía verde enfrenta un desafío estructural: la igualdad de género. Aunque el 74% de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) dependen directamente de alcanzarla, el sector continúa mostrando profundas brechas. Apenas el 1% de la inversión global en sustentabilidad incorpora un enfoque de género, y en el país solo el 30% de los profesionales en STEM dentro del sector energético son mujeres.
Los datos son elocuentes. Según el World Economic Forum, de mantenerse el ritmo actual, América Latina alcanzaría la paridad recién en 2082. Sin embargo, la región es vista como un “caso de éxito” frente a otras, incluso por encima de América del Norte y Europa. Para acelerar el cambio, organismos internacionales y gobiernos coinciden en que invertir con enfoque de género no solo es justo, sino también estratégico.
El trabajo de cuidados no remunerado es otro de los obstáculos que ralentizan la transformación. En Argentina, las mujeres dedican en promedio 6 horas y 31 minutos diarios a estas tareas, frente a 3 horas y 40 minutos de los hombres, según ONU Mujeres y Cepal. Esta “economía invisible” equivale al 16,8% del PIB nacional y sostiene, de manera silenciosa, la base del desarrollo sostenible.
Conscientes de esta realidad, el país incorporó en su segunda Contribución Nacional Determinada (NDC) al 2030 una perspectiva de género en las políticas de adaptación al cambio climático. La meta es ampliar la participación femenina en sectores verdes emergentes, promover liderazgos ambientales y potenciar la inclusión financiera y productiva en cadenas de valor sostenibles.
Entre las iniciativas en marcha se encuentra el Gender Scaling Financing Facility (GSFF), que ya capacitó a más de 100 empresas sociales en América Latina. Los resultados muestran el impacto: un incremento del 35% en los ingresos, un 68% más de beneficiarios finales y mejoras significativas en productividad y toma de decisiones.
Un caso destacado es Agro Justo, emprendimiento argentino creado por la mendocina María Fernanda Bonesso. La plataforma conecta a pequeños productores de alimentos con consumidores, al tiempo que brinda formación digital para mejorar la comercialización.
“En Pro Mujer trabajamos para que la transición hacia una economía verde sea también una oportunidad para cerrar brechas de género. El camino es a través de formación, apoyo a las economías del cuidado y desarrollo de programas de liderazgo que conviertan a más mujeres en protagonistas de la acción climática”, afirma Carmen Correa, CEO de Pro Mujer.
Con menos de cinco años por delante para cumplir la Agenda 2030, el reto es claro: una economía verde sin perspectiva de género corre el riesgo de dejar fuera a la mitad de la población. Integrar a las mujeres en el centro de la acción climática es, al mismo tiempo, una cuestión de justicia y de eficiencia para construir un futuro verdaderamente inclusivo.