Gasoducto Norte: buscan acelerar las obras para reducir los cortes y el uso de combustibles líquidos

TGS

El Gobierno busca acelerar la finalización de las obras de adecuación de las cuatro plantas compresoras del Gasoducto Norte, actualmente paralizadas por un conflicto contractual entre Enarsa y la constructora Esuco. El objetivo oficial es rescindir el vínculo con la contratista original y avanzar con una nueva modalidad que permita completar los trabajos antes del invierno de 2027.

La definición fue transmitida por funcionarios de la Secretaría de Energía durante una reunión con representantes industriales del Norte Grande. La estrategia contempla avanzar en conversaciones con Transportadora de Gas del Norte (TGN) y Transportadora de Gas del Sur (TGS) para determinar cuál de las compañías podría asumir la continuidad de las obras.

El viceministro de Energía y Minería, Daniel González, participó del encuentro junto con la secretaria de Energía, María Tettamanti, y el subsecretario de Combustibles Líquidos y Gaseosos, Federico Veller.

La prioridad estaría puesta en TGN, debido a que las cuatro plantas se encuentran dentro de su área de operación. Sin embargo, el Gobierno también mantiene conversaciones con TGS, en función del incremento de gas que la transportista prevé inyectar al sistema a partir de la ampliación del Gasoducto Perito Moreno.

Una infraestructura clave para reducir la vulnerabilidad del norte

Desde una perspectiva energética y ambiental, la finalización de estas obras tiene una importancia que va más allá del aumento de capacidad de transporte.

Actualmente, el sistema que permite llevar gas de Vaca Muerta hacia las provincias del norte presenta una capacidad cercana a los 15 millones de metros cúbicos diarios (MMm³/día), mientras que la demanda durante los períodos de mayor consumo invernal puede alcanzar los 60 MMm³/día.

Esta brecha obliga a recurrir a combustibles líquidos y otras fuentes de abastecimiento más costosas y, en términos ambientales, con mayores emisiones asociadas que el gas natural.

La adecuación de las plantas compresoras de Lavalle, Lumbreras, Deán Funes y Ferreyra permitiría elevar la capacidad del Gasoducto Norte hasta aproximadamente 19-20 MMm³/día. La obra, además, permitiría reducir las restricciones de suministro que afectan particularmente a usuarios industriales durante los períodos de alta demanda.

El sector industrial sostiene que una mayor disponibilidad de gas podría disminuir la necesidad de aplicar las denominadas “ventanas de corte”, mediante las cuales las distribuidoras pueden interrumpir temporalmente el suministro a determinados contratos durante los momentos de mayor exigencia del sistema.

Cuatro plantas que quedaron a mitad de camino

Las obras deberían haber estado terminadas en 2025, pero quedaron interrumpidas a partir del conflicto entre Enarsa y Esuco.

El contratista sostiene que mantiene reclamos económicos contra la empresa estatal por unos $42.000 millones, correspondientes tanto a estas obras como a certificados vinculados con otros proyectos.

El nivel de ejecución también es dispar. Lavalle presenta un avance del 75,1%; Lumbreras, del 63,6%; Ferreyra, del 51,1%; y Deán Funes, apenas del 27,5%.

Antes de retomar los trabajos será necesario realizar un relevamiento técnico del estado de las instalaciones y de los materiales que quedaron acopiados. Además, parte de los componentes requeridos son importados, por lo que los tiempos de provisión podrían convertirse en otro factor determinante.

El Perito Moreno suma capacidad

La estrategia oficial forma parte de un esquema más amplio para ampliar la disponibilidad de gas de Vaca Muerta en el centro y norte del país.

Uno de los proyectos más avanzados es la ampliación del Gasoducto Perito Moreno, que lleva adelante TGS mediante la construcción de tres nuevas plantas compresoras. La inversión ronda los US$ 550 millones y permitirá incrementar la capacidad del ducto de 21 a 35 MMm³/día, con finalización prevista para abril de 2027.

El aumento de capacidad permitirá disponer de mayores volúmenes de gas en el sistema que conecta con Mercedes-Cardales y, eventualmente, derivar parte de esos recursos hacia el Gasoducto Norte.

El impacto ambiental potencial es significativo: una mayor disponibilidad de gas producido localmente podría permitir reemplazar parte del consumo de combustibles líquidos utilizado para generación eléctrica en períodos críticos. Sin embargo, especialistas advierten que esta obra, por sí sola, no resolverá estructuralmente las limitaciones de transporte hacia el norte.

Tratayén-La Carlota, la obra de fondo

El tercer componente de la estrategia es el proyecto de un nuevo gasoducto entre Tratayén, en Neuquén, y La Carlota, en Córdoba, impulsado por TGN.

La infraestructura permitiría incorporar al sistema al menos 13 MMm³/día adicionales provenientes de Vaca Muerta y conectarlos directamente con el Gasoducto Norte, evitando que esos volúmenes tengan que competir por capacidad con el transporte destinado a otras regiones.

El proyecto contempla una inversión estimada en US$ 1.500 millones y TGN analiza su incorporación al Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI). El cronograma preliminar prevé alcanzar la decisión final de inversión hacia fines de 2026 y poner el gasoducto en funcionamiento durante los últimos meses de 2028.

Para que esos volúmenes puedan llegar efectivamente al NOA, también será necesario ampliar determinados tramos del Gasoducto Norte.

Más gas, menos combustibles líquidos

La combinación de las tres obras podría modificar sustancialmente el esquema energético del norte argentino. Una mayor disponibilidad de gas natural permitiría reducir el uso de gasoil y otros combustibles líquidos para generación eléctrica y abastecimiento industrial, además de disminuir la exposición del sistema a las importaciones de GNL durante los picos de invierno.

El desafío, desde una mirada ambiental, será que la expansión de la infraestructura gasífera se traduzca efectivamente en una sustitución de combustibles de mayores emisiones y no simplemente en un aumento de la demanda total de energía fósil.

En paralelo, una mayor capacidad de transporte de Vaca Muerta podría mejorar la seguridad energética y generar excedentes para exportación hacia países vecinos. Con las obras completas, las estimaciones del sector apuntan incluso a reducir significativamente la necesidad de importar GNL, salvo durante períodos excepcionales de demanda.

La primera prueba será, sin embargo, más inmediata: lograr que las cuatro plantas compresoras abandonadas vuelvan a estar operativas antes del invierno de 2027. Para el Gobierno, destrabar el contrato con Esuco y encontrar un nuevo responsable para terminar los trabajos se convirtió en una pieza clave para evitar que el crecimiento de la producción de Vaca Muerta vuelva a encontrarse con un cuello de botella en el transporte.