Santa Marta cerró la primera conferencia global para una transición más allá de los combustibles fósiles
La ciudad colombiana de Santa Marta fue sede de la primera Conferencia Internacional para la Transición más allá de los Combustibles Fósiles, un encuentro que reunió a representantes de 57 países con el objetivo de avanzar hacia una salida ordenada y justa de los combustibles fósiles y reducir la dependencia económica de estas actividades.
A diferencia de las tradicionales negociaciones climáticas de Naciones Unidas, centradas en consensuar documentos técnicos, la conferencia buscó identificar barreras concretas para abandonar los combustibles fósiles y debatir soluciones políticas, económicas y sociales para enfrentar la crisis climática y socioecológica.
Camila Mercure, coordinadora del área de Política Climática de FARN, explicó que el proceso “se enfocó en la identificación de las barreras existentes para salir de los combustibles fósiles y la búsqueda de soluciones a cada una de ellas”. Sin embargo, advirtió que las discusiones no estuvieron exentas de tensiones entre sectores que promovieron respuestas tecnocráticas y quienes reclamaron transformaciones estructurales.
Según Mercure, los segmentos oficiales de alto nivel desarrollados durante los últimos dos días de la conferencia “resultaron sumamente restrictivos y con escasas oportunidades de participación efectiva”.
La participación de movimientos sociales y pueblos indígenas
Con el objetivo de ampliar la participación, el gobierno colombiano impulsó espacios paralelos autogestionados por organizaciones sociales, académicas y pueblos indígenas. Entre ellos se destacaron la Cumbre de los Pueblos por un Futuro sin Combustibles Fósiles y la Cumbre por Territorios Libres de Fósiles.
La denominada Cumbre de los Pueblos se realizó entre el 24 y el 26 de abril y reunió a más de 900 organizaciones de distintos sectores y regiones. El encuentro concluyó con una Declaración popular por una transición equitativa y justa hacia un futuro libre de combustibles fósiles.
Mercure destacó que el documento reclama una salida ordenada de los fósiles basada en transformaciones estructurales que eviten reproducir desigualdades históricas y nuevas formas de colonialismo extractivo. Además, pone el foco en la defensa de los derechos humanos, el acceso a la energía como derecho, el rechazo a las “falsas soluciones” y el reconocimiento de la deuda ecológica y climática del Norte Global.
La declaración también promueve sistemas energéticos descentralizados y democráticos, con participación efectiva de las comunidades y respeto por los territorios.
El debate sobre la transición energética
Uno de los principales ejes de discusión en Santa Marta fue el alcance de la transición energética. Mientras algunos sectores enfocaron el debate en la sustitución de hidrocarburos por otras fuentes energéticas, organizaciones sociales y territoriales reclamaron una transición socioecológica integral.
Estos sectores advirtieron sobre el riesgo de reproducir las mismas desigualdades sociales y ambientales del modelo fósil mediante una expansión de energías renovables sin participación comunitaria ni protección de la biodiversidad y los derechos indígenas.
También cuestionaron el incremento de la extracción de los llamados “minerales críticos para la transición”, como litio, cobre, níquel, cobalto, manganeso y tierras raras.
Ariel Slipak, coordinador del área de Investigación de FARN, sostuvo que algunos de los principales reclamos estuvieron vinculados con la auditoría y cancelación de deudas externas “de legitimidad objetable”, que presionan a los países a expandir actividades extractivas para obtener divisas.
Slipak también advirtió sobre la relación entre el modelo extractivo fósil y el crecimiento del militarismo y la violencia. “Una gran parte de los llamados minerales críticos no se destina a la transición, sino en realidad a la industria bélica”, señaló.
Próxima escala: Tuvalu en 2027
La conferencia concluyó con un comunicado del segmento de alto nivel que reafirma el compromiso de un grupo amplio de países para avanzar en la implementación de una transición alineada con los acuerdos alcanzados en la COP28.
El documento identifica obstáculos estructurales como la dependencia fiscal de los combustibles fósiles, las restricciones financieras y la necesidad de garantizar seguridad energética, y plantea la necesidad de respuestas coordinadas a nivel internacional.
Sin embargo, Slipak advirtió que todavía persisten ambigüedades sobre los plazos y alcances de la salida de los combustibles fósiles, especialmente respecto de nuevos proyectos extractivos, el rol del sistema financiero internacional y las denominadas “falsas soluciones”.
Uno de los principales resultados del encuentro fue la decisión de realizar una segunda conferencia en Tuvalu a comienzos de 2027, organizada junto al gobierno de Irlanda.
La elección de Tuvalu tiene una fuerte carga simbólica: el pequeño Estado insular es uno de los países más amenazados por el aumento del nivel del mar y ya enfrenta pérdidas territoriales producto del cambio climático.
“Frente a una crisis de carácter socioecológico, los Estados deben asumir decisiones políticas a la altura del desafío”, sostuvo Slipak. Y concluyó: “La continuidad hacia Tuvalu abre una oportunidad para fortalecer la articulación internacional y sostener la presión política en torno a una salida justa de los combustibles fósiles”.