María Pisanu: “El gran desafío es que cada envase vacío de fitosanitarios ingrese al circuito formal y se transforme en un nuevo recurso”

Maria Pisanu

A una década de la sanción de la Ley 27.279, el sistema de gestión de envases vacíos de fitosanitarios continúa expandiéndose en todo el país. Dialogamos con María Pisanu, directora ejecutiva de CampoLimpio, quien analiza los avances alcanzados, los desafíos pendientes para mejorar la recuperación de envases, el rol de la economía circular y las metas estratégicas para consolidar un modelo cada vez más eficiente y sustentable.

–CampoLimpio lleva varios años implementando el sistema de gestión de envases vacíos de fitosanitarios. ¿Cuál es el balance de los avances alcanzados y cuáles son hoy los principales desafíos?

El balance es muy positivo. Desde nuestros inicios logramos que el sistema creciera de manera sostenida en todo el país, incluso en un contexto complejo, donde todavía conviven prácticas inadecuadas como el entierro, la quema de envases y el comercio informal del plástico.

En apenas cinco años pasamos de contar con 7 Centros de Recepción de Envases a una red de 97 centros distribuidos en todo el territorio nacional. Además, tenemos presencia en 22 provincias mediante jornadas itinerantes de recepción, desde Tartagal, en Salta, hasta Los Antiguos, en Santa Cruz.

Gracias a este trabajo conjunto entre el sector público y privado ya recuperamos más de 26 millones de kilos de envases vacíos de fitosanitarios, incorporando cada vez más productores al Sistema de Gestión. Esto demuestra que toda la cadena asumió el desafío de implementar los estándares establecidos por la Ley 27.279, que representa un esquema de responsabilidad extendida del productor sin precedentes en Argentina.

Ahora bien, todavía tenemos importantes desafíos. Uno de ellos es lograr que más productores y aplicadores devuelvan sus envases en los puntos habilitados. También necesitamos ampliar la capilaridad territorial y fortalecer el vínculo con los actores que tienen contacto cotidiano con los usuarios de fitosanitarios. A diez años de la ley, además, sigue pendiente la implementación del Sistema Único de Trazabilidad.

Otro aspecto clave es mejorar la calidad de los envases recuperados. Durante 2025 más de 1,3 millones de kilos de envases no pudieron reciclarse porque no habían recibido el triple lavado o lavado a presión exigido por la normativa. Eso obligó a darles un destino no circular, generando mayores costos logísticos y ambientales.

Por eso también buscamos profundizar el concepto de economía circular en todos los eslabones de la cadena, para que deje de ser solamente un objetivo ambiental y se convierta en una ventaja competitiva que permita acceder a nuevos mercados, mejorar la productividad y aumentar la demanda de productos fabricados con material reciclado.

–La articulación entre productores, municipios, provincias y empresas es clave para el funcionamiento del sistema. ¿Qué tan consolidada está esa coordinación?

La articulación público-privada es el verdadero motor del sistema. Este nuevo paradigma de gestión de residuos exige que todos los actores trabajen coordinadamente para garantizar el cuidado del ambiente durante todo el proceso.

Sin el compromiso conjunto de empresas, productores, entidades del sector y autoridades competentes sería imposible construir un sistema sólido y sostenible en el tiempo.

Por eso promovemos permanentemente espacios de diálogo para compartir experiencias, coordinar políticas y diseñar estrategias comunes. Un ejemplo fue la jornada nacional realizada en abril en Entre Ríos, donde participaron autoridades de Producción, Ambiente y Agro de distintas provincias para analizar avances, intercambiar buenas prácticas y definir acciones frente a los desafíos pendientes.

–La economía circular ocupa un lugar cada vez más importante en la agenda ambiental. ¿Qué destino tienen hoy los envases recuperados por CampoLimpio?

Actualmente el plástico recuperado tiene 19 destinos autorizados. Se utiliza para fabricar caños tritubo destinados al tendido de fibra óptica, envases tricapa, autopartes, materiales para la construcción y otros productos permitidos por la normativa.

Nuestro sistema aporta un valor diferencial porque garantiza la trazabilidad del material desde el productor hasta su destino final, apoyado en una red de operadores habilitados y en respaldo científico que permite seguir desarrollando nuevas aplicaciones seguras.

Este modelo genera beneficios ambientales, sociales y económicos para el país. Sin embargo, para potenciarlo es necesario acompañarlo con herramientas regulatorias que promuevan el uso del plástico reciclado, incentiven la innovación y fortalezcan la participación de recicladores e industrias consumidoras, de modo que el material recuperado pueda competir en mejores condiciones frente al plástico virgen.

–¿Cuáles son las metas estratégicas de CampoLimpio para los próximos años?

Nuestra principal meta es seguir perfeccionando el sistema para recuperar y revalorizar cada vez más envases, consolidando un modelo de gestión circular donde estos materiales dejen de ser considerados residuos y pasen a convertirse en recursos valiosos para distintas industrias.

Queremos hacer más eficiente el flujo del plástico recuperado hacia los mercados que lo demandan, impulsando una lógica de regionalización que optimice la logística y reduzca costos. También seguiremos profundizando el cambio cultural para que el correcto acondicionamiento y la devolución de los envases formen parte de las prácticas habituales de productores y aplicadores.

Otro objetivo prioritario es contribuir a la desactivación de los circuitos ilegales de comercialización de envases, mediante el fortalecimiento de los controles de las autoridades competentes.

La generación de demanda para el plástico reciclado, la innovación tecnológica y la adaptación del sistema a las distintas realidades territoriales serán claves para seguir creciendo.

Estamos convencidos de que CampoLimpio representa una herramienta estratégica para responder a las crecientes exigencias de los mercados internacionales. A través de este sistema, el agro argentino puede consolidarse como un referente en desarrollo sostenible, revalorizando residuos, generando empleo de calidad, fortaleciendo las economías regionales y cumpliendo con los estándares ambientales que hoy demandan los mercados.